Paraísos para huir
Tengo una lista de deseos por cumplir. Es una lista larga y la verdad muchas veces imposible. Pero hay una que tengo que ir tachando poco a poco, y es la lista de paraísos donde huir, un fin de semana, unas vacaciones, o -estamos hablando de sueños- para toda la vida.
Algunos de los paraísos ya los he pisado, disfrutado, pero toca compartirlos con alguien que, por el motivo que sea, aún no ha estdao allí -o no ha estado conmigo-.
Me parece curioso que la mayoria mis paraísos actuales, los paraísos pueden cambiar en 5 minutos, sean islas, pero en ello estamos, en ampliar la lista. Empiezo? (nota: el orden no es importante, no va uno antes que otro ni otro después de uno... simplemente es como la lista de la compra, hay que conseguir tacharlo todo) Empiezo con algunos, no puedo ponerlos todos!
- Formentera; lo es, lo será -si no lo destrozan- lo era, bueno que todo. Que sí que es una maravilla de mini-isla, dónde es imposible perderse, dónde no necesitas zapatos, dónde la musica suena de otra manera y el mediterráneo tiene otro color.
- La Gomera; y no he estado nunca, pero mira, me obsesiona esa isla. Por el verde? Porque parece acojedora? No lo se, pero tengo ganas de ir y quedarme un rato.
- Argentina; por las casas de colores, por el mate, por que está Franco, por el tango... por qué hace ya mucho que decimos de ir...
- Fuerteventura; por lo arida que es, por sus contrastes, porque tienen a los "guiris" ordenados, porque fue la primera isla canaria que pisé; porque cuando yo fui no había gente, y eso, sólo eso, me enamoró.
No se necesita mucho dinero no para hacer esto? El problema es otro -que los paraísos hay que vivirlos a todo trapo-. Pero esto ya es harina de otro costal, para otro día, no?
Dubrovnik
Ciudad de luz, de calma, de recuerdos de una guerra no tan lejana.. Dubrovnik transmite paz, pero una paz conseguida hace tiempo, una paz que no siempre ha existido.
Patrimonio de la Unseco, sus calles blancas y resbaladizas invitan a pasear. Callejuelas empinadas, que escalan la ciudad, ropa tendida en los balcones, gente, gatos, y caricias de una lengua imposible de pronunciar. Dubrovnik tiene olores y colores especiales.
El primer día que llegamos a Dubrovnik debían ser las 11 de la mañana, no pudimos aparcar, cierto es que la ciudad no está preparada para la llegada de turistas en coche, en barco, tuvimos que salir, pues resultó imposible aparcar el coche.
Tres días más tarde volvimos, pero ésta vez a las 9 de la mañana o incluso antes. Esta vez, con un una reserva de habitación de hotel y una plaza de parking preparada y guardada para nuestro coche.
Las horas que conseguimos pasear fueron de lo más calurosas, llegamos a tener que remojar nuestras gorras en la Fuente de Onofrio para poder sobrevivir a los gritos de los recién llegados al país por los cruceros que se adentran en la ciudad, y sobretodo para sobrevivir el paseo final por la muralla de la misma, nos ofreció unas preciosas vistas sobre los techos de la ciudad, y girándonos 180º un regalo sobre, un mar pacífico y más azul que nunca.
Dubrovnik regala al visitante una ciudad con una historia, imposible de terminarse en un día. Absolutamente recomendable y recomendada.



